Una vez alguien me dijo: "Jamás tengas preconceptos acerca de una persona, incluso si te da mala vibra (o mala onda); nunca sabes lo que en verdad encierra esa persona hasta que la conoces y empiezas a tratar con ella..."
Estas palabras no las consideré tan sustanciales hasta un día en el que comprobé que están totalmente en lo cierto. Hay ocasiones en las que creamos ideas (las cuales no pueden ser verídicas) en relación a una persona que vemos por primera vez. Y a veces esas ideas se producen porque nos fijamos de manera superficial en él o ella: su manera de vestir, cómo está peinado, cómo habla, cómo camina, etc.
Entonces, a partir de esto, creemos saber cómo es la persona y si será de nuestro agrado; pero he ahí un gran error: el hecho de incluir a una persona en un molde que nosotros mismos creamos. Esto crea cierto rechazo y una actitud que a la final nos afecta únicamente a nosotros.
Lo mejor, es guardar todas esas ideas preconcebidas y lanzarnos a explorar ese mundo misterioso que encierra aquel o aquella, ese mundo que espera a ser descubierto. Cualquiera que sea la manera de ser de aquella persona, nos habrá servido a nosotros en muchos aspectos: En primer lugar no nos engañamos a nosotros mismos con ideas imaginativas, además aumentamos nuestra capacidad de tratar con los demás (aprendemos a abrir nuestra mente, a ser tolerantes)...
Hay que mencionar también que no se pierde nada tratando con aquella persona, porque está presente aquella probabilidad de que será un amigo (o amiga) más que pasará a formar parte de nuestra vida, ya que puede tener nuestros mismos ideales y compartir cosas que son de nuestro agrado... Incluso, pueda que no solo se convierta en amigo sino en algo más...
De cualquier manera, uno siempre va a aprender de cada persona con la que se topa en el camino. Si son aspectos positivos, obviamente sabremos adherirlos a nosotros; si no lo son, sabremos qué no es lo correcto...
¡Lancémonos a explorar los nuevos mundos encerrados en cada persona!
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