La palabra “amistad” puede ser definida de varias
maneras; por un lado se podrá escuchar que es una forma de afecto desinteresado
y recíproco hacia otra persona, o también que es un tipo de relación interpersonal
como resultado de un conocimiento mutuo entre las dos partes…
Así, podríamos encontrar muchas más definiciones que
hacen referencia a este tema. Sin embargo, más allá de una “clara definición”
en el papel, la amistad implica muchos más aspectos, es decir, una serie de
valores y principios que harán dar cuenta a las personas de que esa relación
que llevan es verdaderamente una amistad.
En este contexto, hay que mencionar que un verdadero
amigo es aquella persona que nos aprecia y nos considera por ser como somos,
por nuestras virtudes y defectos, por encontrar en nosotros esa buena onda y
compartir parte de su tiempo (muy valioso) con nosotros.
Un amigo es aquel con el que siempre podemos contar,
sin importar las circunstancias; un amigo es el soldado que nos acompaña en el campo de batalla, el que nos brindará
su ayuda, su asistencia incondicional; el que no abandona. Un verdadero pana
tiene una inmensa lealtad, y jamás pensaría en darnos las espalda con la
traición.
Un colega de verdad, nos da la confianza y seguridad
para tener fe en las personas, nos da la luz para que no seamos indiferentes y
tengamos los brazos siempre abiertos: con buena energía…
Asimismo nosotros debemos ser recíprocos con quien nos
brinda todo lo mencionado, a un camarada no se le ve la apariencia o lo que
tiene, solo basta con saber que siempre estará con nosotros.
Si una amistad es verdadera, perdura con el pasar del
tiempo, y la distancia no influye jamás. En otras palabras algo tan puro como
la amistad perdura siempre y se hace eco en la eternidad.
Es deber nuestro, hacer crecer la amistad con la
persona o personas que consideramos como nuestros panas, amig@s, camaradas… A
medida que crece el fuego de la amistad, es más difícil que este se extinga.
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